El derecho de transformación

Meninas de Diego Velázquez.
Muchos pintores, entre ellos Picasso, reinterpretaron la obra “Las Meninas” de Diego Velázquez. ¿Crees que esas nuevas versiones son obras derivadas? Si Velázquez hubiera estado vivo, ¿Picasso le debería haber pedido permiso por el derecho de transformación?

El derecho de transformación de las obras también es un derecho patrimonial de los autores y creadores. Como vimos anteriormente, cuando tratamos los derechos morales, el derecho de transformación no debe confundirse con el derecho al respeto y a la integridad de la obra, puesto que este último contempla actos como la fragmentación.

Se entiende por derecho de transformación la facultad exclusiva que tiene el autor de permitir la creación de obras derivadas, es decir, adaptaciones, traducciones, resúmenes, etc. En el mundo literario es común, por ejemplo, que se realicen adaptaciones: una novela se transforma en guion teatral, un poema se reescribe por medio de la técnica de intertextualidad, etc. Lo esencial de la transformación es que da origen a una nueva obra, distinta de la obra originaria. Aunque suene sorprendente, hacer un resumen constituye un acto de transformación, por lo tanto, está sujeto al pago de regalías al autor.

En consecuencia, según este derecho cualquier transformación de la obra originaria requiere de la autorización del autor y el correspondiente pago de derechos, independientemente de que la obra derivada se lleve a cabo con fines comerciales o no, se reproduzca de alguna forma, se comunique públicamente o se distribuya. El acto de transformación en sí mismo está protegido por el derecho de autor.

Visto así el tema, el ejemplo que tratábamos en los post anteriores también implica una vulneración del derecho de transformación. Recordémoslo: un profesor digitalizó obras narrativas de variados autores y subió los pdf a una página de Internet para descarga gratuita por parte de sus alumnos. Los usuarios acceden a su página con una contraseña y pueden descargar el pdf e imprimirlo. Para facilitar la búsqueda de obras, el profesor incluyó también un pequeño resumen de ellas y con el objetivo de potenciar las habilidades teatrales de los alumnos, para varias de ellas creó la versión dramática.

¿Cómo se vulnera el derecho de transformación? De dos formas: 1. Elaborando resúmenes de las obras y 2. Creando la versión dramática de ellas.

En consecuencia, el profesor de nuestro ejemplo podría ser demandado en cualquier tribunal por los autores con sólidos argumentos, ya que, aunque sus intenciones eran muy loables, en la práctica cometió no uno, sino varios actos ilegales: reprodujo la obra sin autorización al digitalizar las obras y crear los archivos pdf, comunicó públicamente la obra por medio de Internet, distribuyó las copias en pdf y, además, transformó las obras.

Sin duda, si comenzáramos a revisar páginas de redes sociales o blogs nos daríamos cuenta de que este ejemplo no es fantasioso ni descabellado. Todos estamos vulnerando los derechos de autor permanentemente, a veces por ignorancia o porque todos lo hacen y otras por ideología. El problema de esta situación, como ya lo hemos comentado, es que las leyes de derecho de autor existen y lamentablemente el fenómeno que se produce por Internet no está contemplado en ellas. El tema de las redes sociales y de Internet, en general, es asunto de debate legislativo en todo el mundo y, mientras tanto, los tribunales siguen dictaminando penas en función de la jurisprudencia.

Hace unos días publicamos una noticia por Facebook y Twitter sobre un caso de Colombia. El link para quien no lo haya leído es el siguiente: http://www.enter.co/cultura-digital/colombia-digital/joven-biologo-podria-ir-a-prision-por-compartir-una-tesis-en-internet/

Sin duda, el argumento de compartir el conocimiento es muy poderoso, pero también es cierto que pedir autorización al autor no es un camino tan difícil. De acuerdo con nuestra experiencia, la gran mayoría de los autores están dispuestos a compartir sus contenidos siempre y cuando se les pida la autorización correspondiente. Muchos de ellos no piden una retribución económica si el uso no es comercial y están más dispuestos aún si la finalidad es educativa o cultural. ¿Por qué no hacer el gesto de respeto de pedir esa autorización? Muchos responderán que la causa para no proceder de esta forma es que el autor puede negarse, pero si lo hace, ¿está en su derecho?, ¿puede el autor o el creador decir simplemente “No, porque no quiero”?

Asimismo, hace solo algunos días YouTube retiró, a pedido de Televisa, una parodia del “Chavo del 8” realizada por una productora ecuatoriana. Pueden leer la noticia en este link. Actualmente el video se encuentra disponible nuevamente en Internet, pero los mismos productores incluyeron un mensaje en que dicen “El siguiente TRAILER/TRIBUTO es un homenaje a uno de nuestros referentes de comedia más grandes. Rezamos para que no nos demanden por derechos de autor”. El caso involucra el derecho que hemos tratado en esta entrada de nuestro blog, ya que la parodia es considerada un tipo de transformación y de las que genera mayores discusiones, puesto que por la naturaleza del género, suele no ser aceptada por los titulares de derechos. Tanto así, que muchas legislaciones la tratan en forma particular. Este es el caso dela ley 17.336 de Chile, que afirma en su Artículo 71 P: Será lícita la sátira o parodia que constituye un aporte artístico que lo diferencia de la obra a que se refiere, a su interpretación o a la caracterización de su intérprete”.

La Ley 83 de Propiedad Intelectual de Ecuador es más estricta, estableciendo en el Parágrafo Tercero, correspondiente a “Excepciones”, Artículo 83: “Siempre que respeten los usos honrados y no atenten a la normal explotación de la obra, ni causen perjuicios al titular de los derechos, son lícitos, exclusivamente, los siguientes actos, los cuales no requieren la autorización del titular de los derechos ni están sujetos a remuneración alguna: […] j) La parodia de una obra divulgada, mientras no implique el riesgo de confusión con ésta, ni ocasione daño a la obra o a la reputación del autor, o del artista intérprete o ejecutante, según el caso”.

Como sea, Televisa es una empresa mexicana y en caso de demandar probablemente lo harían bajo la ley de dicho país, que no contempla ninguna excepción respecto de la sátira o parodia.

En nuestro próximo post profundizaremos algunas características de los derechos morales y patrimoniales que hasta ahora no hemos mencionado y que darán más luces para reflexionar sobre estos y otros temas.

Los invitamos a dejarnos comentarios o preguntas en nuestro blog y no olviden pinchar en el botón que se encuentra a la derecha del blog para seguirnos, de modo que les llegue un mail avisando de una nueva publicación.

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