¿Cuándo una obra es una obra? El objeto del derecho de autor

En nuestro post anterior, explicamos por qué desde el punto de vista del derecho de autor el fallo que emitió la Ofina de Derechos de Autor de Estados Unidos respecto de la selfie del mono estaba correcto, en el sentido de que el derecho de autor considera como titular de las obras solo a las personas que han llevado a cabo un acto creativo y original. Ahora profundizaremos en este tema, explicando cuál es el objeto de derecho de autor, es decir, qué protege y qué condiciones deben existir para que se dé la protección.

Mientras el sujeto del derecho de autor es el titular de la obra, el objeto, es la obra misma. Como explicamos anteriormente, las obras pueden ser originarias o derivadas. Entre las primeras, encontramos las obras literarias, musicales, teatrales, artísticas —como la arquitectura, la escultura, el dibujo, la pintura, la fotografía y las artes aplicadas—, científicas, audiovisuales y cinematográficas, los programas de ordenador y otras semajantes. Generalmente los acuerdos internacionales y las leyes nacionales dejan abierta la posibilidad de incluir nuevos tipos de formas de expresión distintos a los mencionados anteriormente, lo cual es especialmente importante hoy en día debido al desarrollo tecnológico. En cuanto a las obras derivadas podemos mencionar las adaptaciones, traducciones, compilaciones y bases de datos, antologías, anotaciones y comentarios, resúmenes, arreglos musicales, orquestaciones, etc., es decir, cualquier obra que implique la transformación de una obra originaria.

Ahora, tanto una obra originaria, como una derivada, para que sea considerada como tal y entre en el ámbito de la protección del derecho de autor, debe cumplir con ciertas condiciones:

  1. Debe ser una creación formal, que puede ser reproducida, representada, ejecutada, exhibida, radiodifundida, etc. Esto es muy importante, porque como mencionaremos más adelante, el derecho de autor no protege las ideas, sino la forma de expresión de ellas… el cómo se expresa lo que se expresa. En una obra literaria, por ejemplo, las palabras que se emplean, la estructura narrativa, poética o dramática, etc. Muchos autores pueden escribir sobre la célula, pero lo que protege el derecho de autor es la forma en que lo hacen. Eso nos lleva a la segunda característica.
  2. La obra debe ser original. ¿Qué significa esto? No significa que sea “novedosa”, sino que refleje la personalidad del autor, su particular manera de ver la realidad. Si volvemos al ejemplo de la selfie, este es uno de los rasgos básicos que no cumplía el fotógrafo para ser considerado autor de la fotografía. Como él no reguló la cámara fotográfica ni apretó el botón, no se podría decir que la obra reflejaba su personalidad o individualidad. El mono tomó muchas fotografías casualmente y el enfoque de la que estaba en disputa no fue producto de ninguna acción consciente y creativa del fotógrafo. Otro ejemplo, las obras del padre del expresionismo austríaco, Egon Schiele, llevan su impronta, ya que él muestra la destrucción física y moral del ser humano por medio del uso de fondos vacíos y personajes dramáticos y grotescos, que parecieran luchar entre la vida y la muerte. Su estilo único y original ha sido reconocido mundialmente y por eso, nos gusten o no sus obras, están protegidas por el derecho de autor.

Ahora bien, además de estas dos condiciones, hay otros criterios importantes que nos permiten definir si algo puede ser considerado una obra y que aclaran pensamientos erróneos que solemos tener:

  1. Para que una obra esté protegida no requiere tener valor estético o cultural. Así, una fotografía horrible si cumple con la condición de la originalidad estará protegida, tanto como la más bella. El derecho no puede valorar una obra en función de algo tan subjetivo como el gusto.
  2. Tampoco requiere cumplir con una finalidad cultural, educativa o utilitaria. Ha habido varios casos en que se ha alegado que las películas pornográficas no debieran estar protegidas ya que no son culturales ni educativas, sin embargo, si cumplen con la originalidad no existe motivo para que no estén cubiertas por la protección del derecho de autor.
  3. Como ya mencionamos, independientemente de los listados de obras protegidas que se suelen nombrar en las leyes, estos listados son meramente ejemplificativos. En la ley se establece lo que se llama numerus clausus, es decir, cualquier nueva forma de expresión está protegida, si cumple con la condición de ser una creación formal original.
  4. Para que una obra esté protegida no requiere estar inscrita. La protección se produce desde el mismo momento de la creación. El único país latinoamericano donde esto no sucede es en Argentina que exige la inscripción en el registro correspondiente.

Bueno, finalmente, quisiéramos aclarar qué es lo que no protege el derecho de autor. En primer lugar, como ya lo dijimos, no protege las ideas, por muy novedosas que sean. Esta es una de las preguntas más comunes, ya que se suele creer erróneamente que las ideas están protegidas. No, las ideas nos pertenecen a todos. Poder crear a partir de las ideas de otros es una condición fundamental para el desarrollo intelectual, científico y artístico de las naciones. Eso no significa que un investigador pueda robarle una idea a otro; para ello las leyes nacionales contemplan otras legislaciones que regulan temas como la competencia desleal… Lo que estamos diciendo aquí es que no es asunto del derecho de autor.

Tampoco protege el derecho de autor la imagen de las personas; respecto de la producción cinematográfica norteamericana de “Los 33” se dijo en algún programa de televisión chileno que correspondía que se les pagaran derechos de autor a los treita y tres mineros… No es así, a menos que haya existido una obra en la que los guionistas se hayan basado y en ese caso, los derechos de autor le corresponderían solo al autor de la obra, no a los 33 mineros. Los derechos personales, como el de la imagen, también son regulados por otras leyes distintas al derecho de autor.

Por último, el derecho de autor no protege al autor de las posibles aplicaciones prácticas y del aprovechamiento industrial y comercial que otros hagan de su obra. Por ejemplo, si yo escribo un libro sobre un método pedagógico y a partir de él otra persona crea diferentes juegos basados en mi teoría, yo no puedo alegar derechos de autor; solo lo puedo hacer, si esa persona reproduce, distribuye o adapta mi libro.

Esperamos que les haya gustado nuestro nuevo post del blog de derechos de autor. No olviden seguirnos y dejar sus comentarios en www.territorioescrito.com/blog. También pueden encontrarnos en Facebook, Twitter y Youtube.

¿Quién es titular de los derechos de autor? El caso del mono…

En las últimas semanas ha sido noticia el caso del fotógrafo que inició una demanda contra Wikipedia por una fotografía que se tomó a sí mismo un mono con su cámara fotográfica. El fotógrafo reclamaba que los derechos de la fotografía le pertenecían a él, mientras que Wikipedia alegaba que la fotografía estaba libre de derechos, ya que la había sacado el mono y el mono es un animal. Pueden leer la noticia en el siguiente link: http://elsiglo.com.ve/article/84679/Litigio-en-torno-a-un–selfie–tomado-por-un-mono

Este caso permite explicar dos temas muy importantes de los derechos de autor:

1. ¿Quién es titular de derechos?

2. ¿Qué condiciones debe cumplir una obra para estar protegida?

En este post responderemos a la primera pregunta.

Según el derecho de autor, la titularidad de una obra corresponde al autor, es decir, a la persona física que crea la obra, por lo tanto, solo los seres humanos pueden ser autores, ya que solo ellos tienen aptitudes para crear intelectualmente obras literarias, musicales, pictóricas, etc. Ahora, debemos distinguir entre titularidad originaria que solo le pertenece al autor originario y titularidad derivada, que consiste en la transferencia que hace el autor de algunos de sus derechos —solo los patrimoniales— a personas físicas o jurídicas (empresas) por cesión realizada por el autor, presunción de cesión establecida en alguna ley nacional o por transmisión después de la muerte del autor. Esta titularidad derivada no debe confundirse con las obras derivadas, por ejemplo, las adaptaciones. Los autores de obras derivadas son titulares originarios de la obra derivada. En consecuencia, si yo deseo utilizar una obra derivada, por ejemplo, el guion teatral de una novela, deberé pedirle autorización al titular originario de la novela (el autor de la novela) y al titular originario de la obra derivada (el autor del guion teatral).

Visto así, el mono no puede ser titular de derechos, ya que no es un ser humano. Y el fotógrafo tampoco puede ser titular de derechos, ya que él no sacó la fotografía. Por ende, finalmente la fotografía es de dominio público.

La Oficina de derechos de autor de Estados Unidos emitió el siguiente fallo:

“Los trabajos creados por la naturaleza, plantas, animales, e inclusive seres divinos o sobrenaturales, no están sujetos a los derechos de autor”.

Derechos de autor y derechos humanos

Derechos Humanos
“Los derechos humanos son garantías esenciales para que podamos vivir como seres humanos. Sin ellos no podemos cultivar ni ejercer plenamente nuestras cualidades, nuestra inteligencia, talento y espiritualidad”. Organización de Naciones Unidas. Imagen: “El hombre de Vitruvio”, obra de Leonardo Da Vinci.

¿Sabes que los derechos de autor están consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Miren lo que dice el Artículo 27 de la Declaración:

“Artículo 27
– Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
– Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora“.

Esto es muy importante, porque significa que los derechos de autor tienen todas las propiedades de los otros derechos humanos: son innatos a nuestra condición de ser humanos, universales, inalienables (nadie nos los puede quitar), intransferibles (no se puede renunciar a ellos ni negociarlos), inviolables, obligatorios, trascienden las fronteras nacionales, indivisibles, interdependientes, complementarios y no jerarquizables (no hay derechos humanos más importantes que otros).

En resumen, cualquier discusión sobre los derechos de autor no puede realizarse sin considerar este aspecto tan relevante. Hay muchas personas que debido a la importancia que ha cobrado este tema por las redes sociales y por Internet, creen que los derechos de autor no debieran existir o que no se debiesen exigir en ciertas situaciones, especialmente cuando su aplicación puede vulnerar el derecho a la cultura. No obstante, al estar consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se deben respetar como tales y eso implica que el debate no puede ni debe poner en jaque los rasgos que los derechos de autor poseen como derecho humano… ¿Complejo no?

Como pueden ver, en el Artículo 27 también se consagra como derecho humano el derecho a la cultura. En consecuencia, debemos lograr un equilibrio. El acceso a la cultura no puede producirse vulnerando los derechos de los creadores y los derechos de los creadores no pueden aplicarse, vulnerando el derecho a la cultura.

¿Alguna propuesta de solución? Los invitamos a compartir sus ideas y no olviden pinchar el botón “Seguir este blog” que se encuentra a la derecha del post para recibir notificaciones por mail cada vez que hagamos una nueva publicación. ¡Buen fin de semana para todos!

El derecho de transformación

Meninas de Diego Velázquez.
Muchos pintores, entre ellos Picasso, reinterpretaron la obra “Las Meninas” de Diego Velázquez. ¿Crees que esas nuevas versiones son obras derivadas? Si Velázquez hubiera estado vivo, ¿Picasso le debería haber pedido permiso por el derecho de transformación?

El derecho de transformación de las obras también es un derecho patrimonial de los autores y creadores. Como vimos anteriormente, cuando tratamos los derechos morales, el derecho de transformación no debe confundirse con el derecho al respeto y a la integridad de la obra, puesto que este último contempla actos como la fragmentación.

Se entiende por derecho de transformación la facultad exclusiva que tiene el autor de permitir la creación de obras derivadas, es decir, adaptaciones, traducciones, resúmenes, etc. En el mundo literario es común, por ejemplo, que se realicen adaptaciones: una novela se transforma en guion teatral, un poema se reescribe por medio de la técnica de intertextualidad, etc. Lo esencial de la transformación es que da origen a una nueva obra, distinta de la obra originaria. Aunque suene sorprendente, hacer un resumen constituye un acto de transformación, por lo tanto, está sujeto al pago de regalías al autor.

En consecuencia, según este derecho cualquier transformación de la obra originaria requiere de la autorización del autor y el correspondiente pago de derechos, independientemente de que la obra derivada se lleve a cabo con fines comerciales o no, se reproduzca de alguna forma, se comunique públicamente o se distribuya. El acto de transformación en sí mismo está protegido por el derecho de autor.

Visto así el tema, el ejemplo que tratábamos en los post anteriores también implica una vulneración del derecho de transformación. Recordémoslo: un profesor digitalizó obras narrativas de variados autores y subió los pdf a una página de Internet para descarga gratuita por parte de sus alumnos. Los usuarios acceden a su página con una contraseña y pueden descargar el pdf e imprimirlo. Para facilitar la búsqueda de obras, el profesor incluyó también un pequeño resumen de ellas y con el objetivo de potenciar las habilidades teatrales de los alumnos, para varias de ellas creó la versión dramática.

¿Cómo se vulnera el derecho de transformación? De dos formas: 1. Elaborando resúmenes de las obras y 2. Creando la versión dramática de ellas.

En consecuencia, el profesor de nuestro ejemplo podría ser demandado en cualquier tribunal por los autores con sólidos argumentos, ya que, aunque sus intenciones eran muy loables, en la práctica cometió no uno, sino varios actos ilegales: reprodujo la obra sin autorización al digitalizar las obras y crear los archivos pdf, comunicó públicamente la obra por medio de Internet, distribuyó las copias en pdf y, además, transformó las obras.

Sin duda, si comenzáramos a revisar páginas de redes sociales o blogs nos daríamos cuenta de que este ejemplo no es fantasioso ni descabellado. Todos estamos vulnerando los derechos de autor permanentemente, a veces por ignorancia o porque todos lo hacen y otras por ideología. El problema de esta situación, como ya lo hemos comentado, es que las leyes de derecho de autor existen y lamentablemente el fenómeno que se produce por Internet no está contemplado en ellas. El tema de las redes sociales y de Internet, en general, es asunto de debate legislativo en todo el mundo y, mientras tanto, los tribunales siguen dictaminando penas en función de la jurisprudencia.

Hace unos días publicamos una noticia por Facebook y Twitter sobre un caso de Colombia. El link para quien no lo haya leído es el siguiente: http://www.enter.co/cultura-digital/colombia-digital/joven-biologo-podria-ir-a-prision-por-compartir-una-tesis-en-internet/

Sin duda, el argumento de compartir el conocimiento es muy poderoso, pero también es cierto que pedir autorización al autor no es un camino tan difícil. De acuerdo con nuestra experiencia, la gran mayoría de los autores están dispuestos a compartir sus contenidos siempre y cuando se les pida la autorización correspondiente. Muchos de ellos no piden una retribución económica si el uso no es comercial y están más dispuestos aún si la finalidad es educativa o cultural. ¿Por qué no hacer el gesto de respeto de pedir esa autorización? Muchos responderán que la causa para no proceder de esta forma es que el autor puede negarse, pero si lo hace, ¿está en su derecho?, ¿puede el autor o el creador decir simplemente “No, porque no quiero”?

Asimismo, hace solo algunos días YouTube retiró, a pedido de Televisa, una parodia del “Chavo del 8” realizada por una productora ecuatoriana. Pueden leer la noticia en este link. Actualmente el video se encuentra disponible nuevamente en Internet, pero los mismos productores incluyeron un mensaje en que dicen “El siguiente TRAILER/TRIBUTO es un homenaje a uno de nuestros referentes de comedia más grandes. Rezamos para que no nos demanden por derechos de autor”. El caso involucra el derecho que hemos tratado en esta entrada de nuestro blog, ya que la parodia es considerada un tipo de transformación y de las que genera mayores discusiones, puesto que por la naturaleza del género, suele no ser aceptada por los titulares de derechos. Tanto así, que muchas legislaciones la tratan en forma particular. Este es el caso dela ley 17.336 de Chile, que afirma en su Artículo 71 P: Será lícita la sátira o parodia que constituye un aporte artístico que lo diferencia de la obra a que se refiere, a su interpretación o a la caracterización de su intérprete”.

La Ley 83 de Propiedad Intelectual de Ecuador es más estricta, estableciendo en el Parágrafo Tercero, correspondiente a “Excepciones”, Artículo 83: “Siempre que respeten los usos honrados y no atenten a la normal explotación de la obra, ni causen perjuicios al titular de los derechos, son lícitos, exclusivamente, los siguientes actos, los cuales no requieren la autorización del titular de los derechos ni están sujetos a remuneración alguna: […] j) La parodia de una obra divulgada, mientras no implique el riesgo de confusión con ésta, ni ocasione daño a la obra o a la reputación del autor, o del artista intérprete o ejecutante, según el caso”.

Como sea, Televisa es una empresa mexicana y en caso de demandar probablemente lo harían bajo la ley de dicho país, que no contempla ninguna excepción respecto de la sátira o parodia.

En nuestro próximo post profundizaremos algunas características de los derechos morales y patrimoniales que hasta ahora no hemos mencionado y que darán más luces para reflexionar sobre estos y otros temas.

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Un caso concreto de derecho de comunicación pública para comentar

En nuestro post anterior, explicábamos el derecho de comunicación pública y mencionábamos como ejemplo el caso de hoteles o restaurantes que transmiten música o películas. Compartimos con ustedes esta noticia de Argentina, donde justamente se está desarrollando hoy día un conflicto por el cobro de estos derechos.

Lo interesante de la noticia es que se pueden apreciar las dos caras de la moneda. Por un lado, atendiendo a la existencia del derecho que protege al autor, es legítimo que hoteles y restaurantes paguen lo que corresponde; por otro lado, el monto que se cobra, según los dueños de los negocios, es excesivamente alto.

Esperamos que su lectura les aporte nuevas herramientas para analizar este tema que actualmente nos afecta a todos, de una u otra forma.

http://www.rionegro.com.ar/diario/disputa-por-cobro-de-derechos-de-autor-a-hoteles-3169478-9701-nota.aspx

El derecho de comunicación pública y de distribución

Derecho de comunicación pública y distribución
Actualmente Internet permite comunicar públicamente y distribuir con mayor facilidad obras protegidas por el derecho de autor.

En el post anterior comenzamos a hablar sobre los derechos patrimoniales de los autores y nos centramos en el derecho de reproducción. Ahora explicaremos brevemente el derecho de comunicación pública.

Este es uno de los derechos más complejos de explicar, ya que no existe consenso respecto de qué debemos entender por público y qué por privado. Por otro lado, las nuevas tecnologías han exigido la necesidad de extender la definición de este derecho e incluso tal vez de fusionarlo con otro: el derecho de distribución.

Delia Lipszyc, una de las expertas en materia de derechos de autor y derechos conexos en el mundo, en su libro Derechos de autor y derechos conexos (Ediciones Unesco, Cerlalc, Zavalia, 1993)  define comunicación pública de una obra como “todo acto por el cual una pluralidad de personas pueda tener acceso a todo o parte de ella, en su forma original o transformada, por medios que no consisten en la distribución de ejemplares“. Y luego agrega “La comunicación se considera pública, cualesquiera que fueren sus fines, cuando tiene lugar dentro de un ámbito que no es estrictamente familiar o doméstico y, aun dentro de este, cuando está integrado o conectado a una red de difusión de cualquier tipo“. Es decir, para ella el derecho de comunicación pública es distinto al de distribución, ya que mientras el primero le otorga atribuciones exclusivas al autor o a quien él designe para explotar la obra a través de su representación o ejecución pública, ya sea directa (“en vivo”) o indirecta (por medio de algún medio de fijación material o de transmisión por hilo, cable, fibra óptica u otro procedimiento similar), el derecho de distribución le otorga al autor atribuciones exclusivas para explotar la obra por medio de la venta, arriendo, préstamo o cualquier otra forma de transferencia de ejemplares físicos. A pesar de que ambos derechos, como ya dijimos, corresponden a facultades patrimoniales exclusivas del autor, las diferencias entre las leyes nacionales no son menores, provocando importantes lagunas especialmente respecto de qué tipo de representaciones o ejecuciones públicas contempla el derecho de comunicación pública (exposiciones, representaciones, recitaciones, disertaciones, radiodifusiones, etc.) y cómo se interpretan los conceptos de público y privado.

Sumado a esto, hoy en día, los límites entre ambos derechos cade vez parecen menos claros. La red ha permitido, entre otras cosas, la transmisión de obras protegidas “a la carta” (por ejemplo, Netflix) y también la venta de copias por medio de plataformas como Google Play o Apps Store. Casos como estos provocan una gran confusión al momento de aplicar las leyes nacionales, porque representan situaciones que no estaban contempladas. Así, por ejemplo, surgen preguntas como las siguientes: el arriendo de una película online para verla cómodamente en tu habitación, ¿es comunicación pública o privada?; comprar una música en una plataforma de descarga pagada, ¿corresponde a distribución a pesar de que no se trata de un ejemplar físico?

La cuestión no es sencilla, pero no olvidemos lo que hemos dicho en post anteriores. El propósito del derecho de autor es proteger los derechos morales y patrimoniales del autor y normalmente cualquier vacío legal se resuelve en la práctica atendiendo a este principio básico.

Volvamos ahora al ejemplo que analizábamos en el artículo anterior: un profesor muy activo ha hecho un minucioso y esforzado trabajo de digitalizar obras narrativas de diferentes editoriales y ha subido los pdf a una página de Internet para descarga gratuita por parte de sus alumnos. Los usuarios deben acceder a su página con una contraseña y pueden descargar el pdf e imprimirlo. Para facilitar la búsqueda de obras, el profesor ha incluido también un pequeño resumen de ellas y con el objetivo de potenciar las habilidades teatrales de los alumnos, para varias de ellas ha creado la versión dramática.

Ya vimos que desde el punto de vista del derecho de reproducción, el profesor vulneró las facultades del autor al digitalizar las obras, es decir, al hacer copias en pdf. Los usuarios de la página, por otro lado, también cometieron un acto no autorizado al descargar estas copias en sus computadores y al imprimirlas. Pero el derecho de autor fue atropellado más allá de esto. Supongamos que los usuarios no podían descargar los pdf, sino solo verlos en pantalla… Eso es comunicación pública por medio de Internet. Alguien podría argumentar que la página era “privada” ya que solo era para un grupo reducido de personas y se accedía por medio de contraseña, pero cuando hablamos de “privado” nos estamos refiriendo, tal como lo manifiesta Lipszyc, a un ámbito estrictamente familiar e íntimo. Incluso si el acceso hubiera sido únicamente para familiares del profesor, se entendería como una comunicación pública, solo por el hecho de haber utilizado un sistema de transmisión por red.

En cuanto al derecho de distribución, si bien es cierto las copias distribuidas no eran físicas, es difícil discutir con argumentos sólidos que un archivo pdf no es una copia. Tampoco sería un argumento el que las copias se descargaban en forma gratuita, ya que sea como fuere, es indudable que los autores de esas obras verían afectados sus derechos patrimoniales, es decir, el justo pago por su trabajo.

Empresas como las que hemos nombrado anteriormente deben pagar derechos a los titulares. Ha habido múltiples casos de transmisión de música en hoteles o locales comerciales, donde se ha argumentado que no hay usufructo de por medio y que se trata de un ámbito privado como la habitación de un hotel, y los tribunales de distintos países han sentenciado en favor de los autores, atendiendo al propósito último de este derecho.

 

 

Los derechos patrimoniales de los creadores: el derecho de reproducción

Derecho de reproducción por medio de imprenta
La imprenta permitió reproducir las obras de forma masiva. Miniatura medieval.

De acuerdo con el derecho de autor, los creadores no solo poseen facultades o derechos morales y personales, sino también derechos patrimoniales, es decir, el autor posee el derecho exclusivo para explotar económicamente su obra o de autorizar a terceros para que lo hagan.

Este es uno de los puntos claves que diferencia a las legislaciones anglosajonas —que siguen la tradición del copyright— de las legislaciones latinas —que siguen la tradición del derecho de autor.  Solo a título meramente enunciativo diremos que en la tradición latina la figura del autor o creador tiene mucho más peso que en la tradición del copyright, ya que mientras el derecho de autor regula el derecho personal e inalienable que posee el creador para controlar el uso o los usos de sus obras, el copyright regula la actividad de explotación de las obras y por eso este sistema admite una gama más amplia de titulares de derechos. Sobre este tema volveremos más adelante cuando tratemos las diferencias entre derecho de autor y copyright.

Para comprender los derechos patrimoniales en este post y los siguientes utilizaremos un ejemplo extraído de la realidad: un profesor muy activo ha hecho un minucioso y esforzado trabajo de digitalizar obras narrativas de diferentes editoriales y ha subido los pdf a una página de Internet para descarga gratuita por parte de sus alumnos. Los usuarios deben acceder a su página con una contraseña y pueden descargar el pdf e imprimirlo. Para facilitar la búsqueda de obras, el profesor ha incluido también un pequeño resumen de ellas y con el objetivo de potenciar las habilidades teatrales de los alumnos, para varias de ellas ha creado la versión dramática. Sin duda, este profesor ha puesto al servicio de la comunidad un patrimonio muy importante, ya que mal que mal todos tenemos derecho a acceder a la cultura. Su argumento, no obstante, motiva hoy en día uno de los debates más polémicos en torno a la propiedad intelectual: derecho de autor vs acceso a la cultura. El análisis que haremos enseguida se basa única y exclusivamente en lo que plantea el derecho de autor, de modo que podamos discutir sobre este tema con mayores argumentos.

Desde el punto de vista del derecho de autor que rige las legislaciones de nuestros países latinos, el profesor está vulnerando el derecho de reproducción, el derecho de comunicación pública y el derecho de transformación, es decir, los tres derechos patrimoniales fundamentales que ostenta en forma exclusiva el creador. En este post trataremos el primero de ellos: el derecho de reproducción.

De acuerdo con el derecho de reproducción solo el autor posee la facultad de explotar la obra fijándola materialmente para obtener copias o ejemplares. Se entiende por fijación material la impresión, la grabación sonora y visual e incluso la grabación en un computador. Es decir, cada vez que tú haces una copia para tu computador de un archivo alojado en Internet; sacas una fotocopia de un libro; copias un software; descargas, escaneas, fotocopias o imprimes una imagen; o descargar en tu I-Pod una canción, estás haciendo una reproducción.

El derecho de reproducción significa que solo el autor o creador puede autorizar una reproducción de su obra y solo él puede decidir si esa reproducción amerita o no un pago. Ahí es donde radica la gran diferencia entre descargar música autorizada o no: en el primer caso probablemente tendrás que pagar una cantidad de dinero por el derecho a descarga y ese dinero lo recibirá en parte al autor y en parte a quien él o ella haya designado para que administre patrimonialmente sus creaciones. En el segundo caso, la descarga se hace sin autorización del autor, quien pierde la  remuneración por su trabajo.

El profesor de nuestro ejemplo ha tenido sin duda buenas intenciones, pero ¿qué sucede con todos los autores de esas obras?, ¿crees que a Isabel Allende le agradará saber que La casa de los espíritus se puede descargar gratuitamente de Internet sin que ella lo haya autorizado y sin recibir ningún tipo de remuneración? Si tú fueras autor o autora, ¿te gustaría que sucediera eso? Quizás estés pensando que no es tan grave, mal que mal el profesor no está haciendo negocio y las distribuye solo en un ámbito privado… Otra cosa sería si él las vendiera, porque eso ya sería piratería. Bueno, para el derecho de autor ambas situaciones son similares, es decir, independientemente de que las copias se vendan o no, de que su distribución sea en un ámbito privado o no, la reproducción, es decir, el hecho de hacer una copia debe estar autorizado. El profesor no estaba autorizado a escanear los libros para hacer una copia en pdf y los usuarios no estaban autorizados a descargarlos en sus computadores. Los autores de esas obras, por lo tanto, están completamente amparados en la ley para exigir que la copia disponible en Internet sea eliminada y para pedir una compensación por daños y perjuicios.

El tema de la reproducción es muy ignorado por la comunidad: vemos por todas partes, especialmente en los colegios y universidades, que se fotocopian todo tipo de libros; descargamos en nuestros computadores imágenes, videos, documentos, pdf, etc., sin saber quién ostenta los derechos. Bajo el argumento de que “todo el mundo lo hace”, todos lo hacemos. Jamás nos preguntamos cómo se creó ese contenido ni quién lo creó. Ahora, preguntémonos lo siguiente: ¿es esa la forma de lograr que la cultura sea accesible para todos?, ¿qué sucede con los autores, sin los cuales la cultura no es posible, si ellos no ganan nada por su trabajo?, ¿tiene derecho un autor a decidir si su contenido puede ser reproducido con su autorización o sin ella y por medio de un pago o en forma gratuita?, ¿seguirá escribiendo ese autor si finalmente sus obras se descargan en forma gratuita y sin su autorización?, ¿tendremos más cultura así?

Para comprender la esencia del derecho de autor, lo primero que debemos comprender es que su objetivo original siempre ha sido proteger la creación intelectual, para incentivar a los creadores a seguir creando. Otra cosa son los malos usos que han existido respecto del derecho de autor, aspecto que también trataremos más adelante.

Internet obviamente ha facilitado las reproducciones sin autorización. La mayoría de la gente piensa que si descargan en el computador un archivo no hay problema, ya que lo usarán solo en forma privada, pero lo que no saben es que el derecho de reproducción —que se refiere solo a hacer copias— no es lo mismo que el derecho de comunicación pública, por lo tanto, aunque no vulneres el derecho de comunicación pública sí podrías estar vulnerando el derecho de reproducción.

El Convenio de Berna, al que adscriben la mayoría de los países del mundo, tanto de tradición anglosajona como latina, dice en su Artículo 9:

“Artículo 9
Derecho de reproducción:
1. En general; 2. Posibles excepciones; 3. Grabaciones sonoras y visuales.

1. Los autores de obras literarias y artísticas protegidas por el presente Convenio gozarán del derecho exclusivo de autorizar la reproducción de sus obras por cualquier procedimiento y bajo cualquier forma.

2. Se reserva a las legislaciones de los países de la Unión la facultad de permitir la reproducción de dichas obras en determinados casos especiales, con tal que esa reproducción no atente a la explotación normal de la obra ni cause un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del autor.

3. Toda grabación sonora o visual será considerada como una reproducción en el sentido del presente Convenio”.

Convenio de Berna para la protección de obras literarias o artísticas. Consultado en la página de la OMPI: http://www.wipo.int/treaties/es/text.jsp?file_id=283700.

Solo a modo de ejemplo de cómo se expresa este derecho en las legislaciones nacionales, les presentamos los casos de Argentina, Chile y México. Recuerden que pueden consultar la ley de su país en la página del Observatorio Iberoamericano del Derecho de Autor (ODAI), http://www.odai.org/mapa_iberoamerica.php?pais_id=1, en la que se podrán acceder a las leyes y reglamentos de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

Argentina:

Artículo 2 . El derecho de propiedad de una obra científica, literaria o artística comprende para su autor la facultad de disponer de ella, de publicarla, de ejecutarla, de representarla y exponerla en público, de enajenarla, de traducirla, de adaptarla o de autorizar su traducción y de reproducirla en cualquier forma”. (Ley Nº 11.723. Régimen general de propiedad intelectual).

Chile:

“Artículo 18. Solo el titular del derecho de autor o quienes estuvieren expresamente autorizados por él, tendrán el derecho de utilizar la obra en alguna de las siguientes formas:
[…]
b) Reproducirla por cualquier procedimiento”. (Ley de propiedad intelectua Nº 17.336)

México:

Artículo 27 . Los titulares de los derechos patrimoniales podrán autorizar o prohibir:

I. La reproducción, publicación, edición o fijación material de una obra en copias o ejemplares, efectuada por Cualquier medio ya sea impreso, fonográfico, gráfico, plástico, audiovisual, electrónico, fotográfico u otro similar; (Artículo reformado y publicado en el D.O.F. el 23 de julio de 2003)”. (Ley Federal del Derecho de Autor, México).

En el próximo post continuaremos con el derecho de comunicación pública.

Las facultades morales del autor

Como ya explicamos en el post anterior, el derecho de autor regula las facultades exclusivas que poseen los creadores de obras literarias, musicales, teatrales, audiovisuales, etc.

Estas facultades son de dos tipos: morales y patrimoniales. En este post explicaremos los derechos morales.

Los derechos morales son facultades de carácter personal, es decir, estrechamente vinculados con la personalidad del autor y que salvaguardan los intereses intelectuales y espirituales de los creadores. Pongámonos en un caso concreto y cotidiano. Una fotógrafa ha sacado una serie de fotografías nuevas y le envía una copia digital de ellas a su hermana como regalo de cumpleaños. Su hermana las encuentra tan bonitas que decide subirlas a una página de redes sociales, pero las interviene y arma un collage. En la zona de comentarios dice que son fotografías de su hermana, sin especificar el nombre. ¿Crees que es posible hacer esto?, ¿tendrá algo que opinar la fotógrafa? Pues sí y mucho, ya que lo que se ha vulnerado aquí son sus derechos morales.

Respecto de los derechos morales, el autor es el único que puede decidir sobre una serie de aspectos relacionados con su obra.

1. Derecho a la divulgación o derecho de inédito: solo el autor tiene derecho a decidir la divulgación de una obra inédita, es decir, darla a conocer públicamente. Si el autor quiere que se mantenga en el ámbito de lo privado, tiene todo el derecho a hacerlo. En el ejemplo anterior, la hermana, a menos que estuviera autorizada por la fotógrafa, no debió haber publicado las fotografías en una red social, ya que desde el momento en que lo hizo, las fotografías salieron del ámbito privado. El regalo o la venta de creaciones artísticas no transforma a quien recibe el regalo o a quien compra la obra en el titular de los derechos. Si eso fuera así, cada vez que compramos un CD de música nos transformaríamos en los titulares de derechos de las composiciones musicales contenidas.

Ahora supongamos que la fotógrafa sí autorizó a su hermana a subir las fotografías a una determinada red social. Esa autorización no implica otras redes sociales u otras formas de comunicación pública como, por ejemplo, un material impreso. Es decir, el autor ejerce el derecho de divulgación en forma independiente para cada una de las distintas formas de comunicación pública. Si autoriza una forma, eso no implica que esté autorizando otras.

En el caso de una obra por encargo, el autor también puede ejercer este derecho, pero podrían establecerse demandas en su contra, ya sea para reintegrar pagos adelantados o para compensar daños y perjuicios.

2. Derecho a la paternidad: solo el autor puede decidir de qué forma desea que se establezca la relación entre la obra y su propia persona, es decir, él es el único que puede decidir si la obra debe ser identificada con su nombre, con sus iniciales, por medio de un seudónimo o incluso como una obra anónima. Vale destacar que en este último caso el autor no deja de ser el titular de los derechos morales o patrimoniales, por lo cual, asumir que se puede usar una obra sin autorización porque es “Anónima”, es completamente falso… Habrá que asegurarse de que efectivamente lo sea.

El autor puede también cambiar de opinión, es decir, puede decidir, por ejemplo, dar a conocer su autoría de una obra publicada inicialmente como anónima o por medio de un seudónimo cuando lo desee. Él es el único que puede decidir sobre este tema, incluso después de muerto. Los herederos no pueden dar a conocer su nombre como autor de una obra si él en vida dejó establecido que era anónima o si la publicó bajo un seudónimo, a menos que haya dejado instrucciones en un testamento.

Volviendo al ejemplo, si la hermana estaba autorizada por la fotógrafa a publicar las imágenes en esa red social, debió haberlo hecho consignando su autoría de la manera que la fotógrafa se lo indicara.

3. Derecho al respeto y a la integridad de la obra: solo el autor puede autorizar cambios, modificaciones o mutilaciones en la obra originaria, ya que está su reputación de por medio. Por ejemplo, usar un fragmento de una obra y no la obra completa puede ser entendido como una mutilación; cambiar palabras de un texto es una modificación. Este derecho, en todo caso, no se debe confundir con otro que veremos más adelante y que es un derecho patrimonial: el derecho a la transformación que consiste en la facultad del titular del derecho para autorizar la creación de obras derivadas, como adaptaciones, traducciones, resúmenes, compendios, etc.

En nuestro ejemplo, la hermana no solo publicó las fotografías inéditas sin estar autorizada y sin respetar el derecho de paternidad, sino que además intervino las imágenes poniéndolas en un collage. La fotógrafa tenía derecho a decidir si sus imágenes debían unirse o no en un solo objeto visual, aunque la hermana fuera una gran artista del collage y el resultado hubiera sido fantástico. Ahora, en un collage, las imágenes se suelen recortar… ¿No sería eso una mutilación?

Las leyes de los distintos países presentan algunas diferencias respecto de este derecho: en algunas se prohíbe cualquier modificación y en otras se prohíben solo si perjudican los intereses del autor, causándole un perjuicio, lo cual debe ser demostrable. Pero, como sea, en la naturaleza de este derecho se encuentra contenido un principio muy importante de comprender: solo el autor puede modificar o autorizar modificaciones en su obra.

4. Derecho de retracto a arrepentimiento o a retirar la obra: el autor tiene derecho a retirar una obra del comercio si esta ya no se corresponde con su ideología, valores, forma de pensar, etc. Este derecho suele contemplar condiciones en las diferentes leyes, ya que generalmente hay una parte a la que la decisión del autor le causa un perjuicio y que merece ser indemnizado.

Los derechos morales poseen una serie de características que también son importantes de considerar:

– Son esenciales, es decir, exigibles por cualquier persona solo por el hecho de ser creador de una obra protegida por el derecho de autor.

– Son extrapatrimoniales, porque no son derechos estimables en dinero, por lo tanto, no se puede pagar para vulnerarlos.

– Son inherentes al autor, por lo cual, son derechos que se conservan durante toda su vida e incluso el derecho a divulgar las obras póstumas, el reconocimiento a la paternidad (con la salvedad explicada anteriormente) y el derecho al respeto y a la integridad de la obra se traspasan a los herederos o a quien haya designado el autor.

– Son absolutos, por lo cual el autor se puede oponer a cualquier persona o entidad, aunque posea derechos patrimoniales.

– Son inalienables e irrenunciables, es decir, no se pueden transmitir en vida por medio de ningún contrato y tampoco el autor puede renunciar a ellos.

Chile, así como todos los países de América adscribe el Convenio de Berna para la protección de obras literarias y artísticas. Dicho convenio establece los principios básicos sobre los cuales los distintos países deben configurar sus leyes, estableciendo algunos puntos obligatorios y otros factibles de determinar según la ley nacional. Respecto de los derechos morales, este Convenio reconoce el derecho a la paternidad y el derecho a oponerse a la deformación, mutilación o modificación de la obra. No menciona el derecho a la divulgación ni al retracto o arrepentimiento:

Artículo 6bis. Derechos morales:
1. Derecho de reivindicar la paternidad de la obra; derecho de oponerse a algunas modificaciones de la obra y a otros atentados a la misma; 2. Después de la muerte del autor; 3. Medios procesales
.

1. Independientemente de los derechos patrimoniales del autor, e incluso después de la cesión de estos derechos, el autor conservará el derecho de reivindicar la paternidad de la obra y de oponerse a cualquier deformación, mutilación u otra modificación de la misma o a cualquier atentado a la misma que cause perjuicio a su honor o a su reputación.

2. Los derechos reconocidos al autor en virtud del párrafo 1) serán mantenidos después de su muerte, por lo menos hasta la extinción de sus derechos patrimoniales, y ejercidos por las personas o instituciones a las que la legislación nacional del país en que se reclame la protección reconozca derechos. Sin embargo, los países cuya legislación en vigor en el momento de la ratificación de la presente Acta o de la adhesión a la misma, no contenga disposiciones relativas a la protección después de la muerte del autor de todos los derechos reconocidos en virtud del párrafo 1) anterior, tienen la facultad de establecer que alguno o algunos de esos derechos no serán mantenidos después de la muerte del autor.

3. Los medios procesales para la defensa de los derechos reconocidos en este artículo estarán regidos por la legislación del país en el que se reclame la protección”.

Convenio de Berna para la protección de obras literarias o artísticas. Consultado en la página de la OMPI: http://www.wipo.int/treaties/es/text.jsp?file_id=283700.

En el caso de la ley 17.336 de Chile, los derechos morales están contemplados en el Capítulo IV. Como veremos, en esta ley se reconocen todos los derechos mencionados, incluido el de divulgación, pero no el de retracto y arrepentimiento. También se establece que el derecho a anonimato o seudónimo solo dura hasta que la obra pasa al patrimonio común:

“Capitulo IV. Derecho moral

Artículo 14 .
El autor, como titular exclusivo del derecho moral, tiene de por vida las siguientes facultades:

1) Reivindicar la paternidad de la obra, asociando a la misma su nombre o seudónimo conocido;
2) Oponerse a toda deformación, mutilación, u otra modificación hecha sin su expreso y previo consentimiento. No se considerarán como tales los trabajos de conservación, reconstitución o restauración de las obras que hayan sufrido daños que alteren o menoscaben su valor artístico;
3) Mantener la obra inédita;
4) Autorizar a terceros a terminar la obra inconclusa, previo consentimiento del editor o del cesionario si los hubiere, y
5) Exigir que se respete su voluntad de mantener la obra anónima o seudónima mientras ésta no pertenezca al patrimonio cultural común.

Artículo 15 .
El derecho moral es transmisible por causa de muerte al cónyuge sobreviviente y a los sucesores abintestato del autor.

Artículo 16 .
Los derechos numerados en los artículos precedentes son inalienables y es nulo cualquier pacto en contrario”.

Ley 17336 de 1970, Ley sobre Propiedad Intelectual de Chile. Consultado en la página de la CERLALC: http://www.cerlalc.org/derechoenlinea/dar/leyes_reglamentos/Chile/Ley_17336.htm

Para los autores de otros países, les recomendamos revisar la ley correspondiente en la página del Observatorio Iberoamericano del Derecho de Autor (ODAI), http://www.odai.org/mapa_iberoamerica.php?pais_id=1, en la que se puede acceder a las leyes y reglamentos de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

Propiedad intelectual y derechos de autor: ¿son lo mismo?

Seguramente ya has escuchado hablar de los derechos de autor, pero ¿sabes realmente qué son? Quizás crees que estos derechos solo afectan a los autores que publican libros, pero no es así. Los derechos de autor nos afectan a todos, ya que hoy en día son muy pocas las personas que no participan de las redes sociales. ¿Sabes, por ejemplo, que no puedes copiar un texto de otra persona y pegarlo en Facebook, sin tener una autorización?, ¿cuántas fotografías que descargas de la web usas en tus propias páginas?, ¿puedes copiar un contenido y enviarlo por e-mail? En este blog, iremos explicando diferentes temas relacionados con los derechos de autor, para que todos podamos aprender. Haremos una publicación semanal relativa al tema, de modo que nos puedas seguir.

Comencemos…

Los derechos de autor son una rama del derecho contenida dentro de los derechos de “propiedad intelectual”. Esta primera distinción es muy importante de hacer, ya que se suele creer que “propiedad intelectual” y “derechos de autor” son lo mismo, siendo que no es así.

La propiedad intelectual es un ámbito del derecho mucho más amplia, cuyo objetivo es estimular y recompensar la creación intelectual, a su vez que regular la competencia entre los productores. Por ello, dentro del ámbito de la propiedad intelectual están contenidos diferentes tipos de derechos, que como veremos son muy distintos entre ellos:

Derechos de propiedad industrial: entre ellos se distinguen diferentes categorías como los derechos de marcas que protegen los signos distintivos de las empresas, como marcas de fábrica, de comercio y de servicio, nombres y denominaciones comerciales, denominaciones de origen, etc.; los derechos de patentes que protegen las invenciones que dan origen a nuevos productos o procedimientos industriales; los derechos de dibujos y modelos industriales que protegen el aspecto ornamental y estético de los productos, por ejemplo, el diseño particular de un reloj, de modo que dicho diseño no sea plagiado; y la disciplina de la competencia desleal, que tal como lo dice su nombre, su objetivo es proteger contra actos de competencia desleal.

Derechos de descubrimientos científicos: corresponden a los derechos que protegen a los científicos, de forma que su nombre siempre sea vinculado al descubrimiento propiamente tal y que puedan obtener beneficios económicos en caso de que su descubrimiento haya generado alguna aplicación comercialmente provechosa.

Derechos de autor: son los regulan las facultades exclusivas que poseen los creadores de obras literarias, musicales, teatrales, audiovisuales, etc. Por ejemplo, el autor de un libro, una noticia o el contenido de un blog; un compositor musical o el creador de la letra de una canción; un dramaturgo cuya obra se publica en un libro o se monta en un teatro y artistas plásticos como fotógrafos, pintores, escultores, etc.

Derechos conexos o derechos afines: son los que regulan las facultades de los artistas intérpretes o ejecutantes, productores de fonogramas y organismos de radiodifusión.

En conclusión, derecho de autor no es sinónimo de propiedad intelectual, sino una parte de ella.

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Territorio Escrito: servicios editoriales de calidad

Territorio Escrito, como empresa de servicios editoriales, ofrece la producción de material impreso y audiovisual:

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Respecto del material impreso, Territorio Escrito se encarga de todo el proceso o de cualquiera de sus etapas. Infórmate sobre las que más te interesen, pinchando sobre ellas:

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